Te escondes ahí,
tan lejos y tan delicada.
A ratos te veo pasar
frente al mismo charco congelado
donde hace no mucho, dibujaras la silueta
matutina de un tímido Sol naciente.
De pronto ya no logro conciliar el sueño,
ni el sueño ni los sueños;
De pronto mis ojos no duermen,
se esconden tras las hojas esparcidas
sobre las calles de tu cuerpo.
Son sonrisas.
Son lamentos.
Son suspiros.
Son recuerdos.
Libros, otoños, adoquines, conversaciones, caminos, melodías.
Son soles escondidos entre pétalos heridos.
Son aves de papel separando los poemas de algún buen libro.
Son árboles que se entienden tocando sus raíces,
¿y tú?
Te escondes ahí.

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