Es viernes por la noche
y mi voz te nombra.
Miro tras los cristales del tiempo,
con la esperanza de verte pasar
entre soles y mares.
No he visto tu rostro ni sentido tu luz,
no sé cómo luces ni cuál es tu estación.
Siento tus ojos sobre mí,
tan grandes y desgarradores,
no sé cómo, no los he visto;
Palpo tus manos, juego con tus dedos,
y ese perfume que florece de tu cuello
se mezcla con tu sonrisa, y me aquieta.
Los versos que pronuncian tus labios
se encienden como girasoles - cada viernes por la noche-
y los besos, nacidos de tu corazón profundo y secreto,
los trato de rescatar, incesantemente, desde reflejo del silencio.

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