Salí apurado de casa. No alcancé a alimentar a Bigotón, mi perro. Creí escuchar entre ladridos "me las pagarás", pero lo encontré ridículo.
Al día siguiente debía estar a las 17:30 en punto en casa de mi novia, pues iba a pedir su mano.
Cuando terminé de emperifollarme -atrasado para variar- me despedí de mi madre, quien con voz de mando me dijo: ¡Ordena ese despelote o no vas a ningún lado! Yo con asombro pregunté: ¿qué despelote?
Entonces vi a Bigotón con una burlesca sonrisa en su cara diciendo: "El que ladra último..." y me guiñó un ojo.
:)
ResponderEliminar