domingo, 4 de agosto de 2013

"Melodías, colores, acuarela."

Melodías,
melodías que vuelan 
con las hojas secas de los versos delicados
que escapan, de cuando en cuando,
del alma de quien se atreve a escribirlas.

A veces pierden su color 
o es quien las dibuja el que perdió los crayones
con que coloreaba las sonrisas de Acuarela
y de los cielos celestes con sus blancas bufandas infinitas.

Sí, los colores se desvanecen, 
las melodías pierden intensidad pero no su dirección;
entran a un túnel como un relámpago que escapa del infierno
para quedarse atrapado en nuestros sueños.

Se desvanecen, 
como las hojas que se lanzan al vacío;
saben que caerán y mientras lo hacen -lentamente-
su perfecta y minuciosa agonía les alivia el dolor 
de haber sido arrebatadas de la escena 
que transcurre 
mientras un par de enamorados 
se besan frente al semáforo que está trabado en rojo
y les permite sentir que el tiempo -por fin- se detiene.

Es la Luna de los ángeles caídos,
la que canta y estremece los sentidos
del poeta atolondrado que se aferra a la zamba
del olvido,
que se aferra a la zamba del olvido.